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6 de agosto de 2014

✍ Para Facundo de Juan Tamariz

Y en el reverso: "Juan Tamariz Martel.  26- 2-87 - Ezeiza - Bs. As."

En particular nunca fui amante de los autógrafos, de hecho me caen mal. Tampoco sé bien por qué exactamente. Las veces que me he cruzado con "celebridades", o con artistas que admiro profundamente nunca les he pedido sacarme una foto y menos que menos que me firmen un papel. ¿El autógrafo será la prueba de que uno alcanzó a alguien inalcanzable? No sé porque pero no me gustan.

Mi papá estando en el aeropuerto de Ezeiza, se cruzó con Juan y le pidió su firma de regalo para mí. Aún no sabía hablar, ni caminar, ni mucho menos que me dedicaría a la magia, faltaba un día para cumplir mis cuatro meses de vida. Pensé que lo había perdido, pero hace pocos días lo reencontré entre varios libros y descubrí que este autógrafo lo atesoro.

Creo que es el único objeto que conservo de mis primeros meses: el verde papel, enmarcado en cartón paspartú y marcador verde, cholulísimamente Tamariz..

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15 de julio de 2014

✍ Plan del robo de un banco que no pudo ser

Pig Bank por Teo Ziriniss

  1. Elegir un banco cercano del obelisco como objetivo,
  2. seducir al gerente en un club nocturno,
  3. obtener una copia de la llave en plastilina,
  4. obtener los planos de banco con un hacker,
  5. convocar un grupo selecto de cómplices utilizando las redes sociales,
  6. disfrazarnos de técnicos de cable e ir con una camioneta hasta la puerta del negocio de al lado de banco,
  7. uno se queda en la camioneta siguiendo al resto con tecnología de punta,
  8. abrir la puerta del negocio con "bumping",
  9. hacer un boquete hasta el banco,
  10. utilizar la copia de la llave copiada al gerente para abrir la bóveda,
  11. y quedarse dentro esperando un grito de gol detonar los explosivos...
  12. en 3' 2'' nos ponemos ropa de "hinchas de Argentina" (ropa que estaba en una caja fuerte desde hace unos meses atrás y escondemos la ropa de técnicos de cable ahí),
  13. salimos caminando como si nada cantando "Brasil que se siente" teniendo escondido todo el dinero y las joyas dentro de unos gorros celestiblancos,
  14. dispersarse entre la multitud enajenada, esperar 6 meses y gastar el dinero en algún país de Oceanía.
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7 de mayo de 2014

✍ Pepe Viyuela: El trapecio


Madre equilibrista de Cristina Blanch (2003)

Precedido por esta bella imagen les dejo un relato del actor, payaso y poeta español Pepe Viyuela, publicado en su libro Bestiario del circo: el vientre de la carpa publicado la Editorial Medusa en Madrid en el año 2003.



EL TRAPECIO

El trapecio ha resultado ser hijo de Ariadna. Fue tejido con el hilo que otorga al hombre la posibilidad de escapar del laberinto de lo terreno y aproximarse a lo divino, una colosal tela repleta de ilusiones esbeltas, que dibuja en el espacio la constelación de la fantasía.

A quien osa trepar hasta, él le brotan alas, aquellas que le permiten escapar, con precisión felina, del ansia aparentemente inexorable de la araña letal, inmensa e invisible, que pugna por tragarlos y los persigue hasta en los sueños.

Combinación geométrica viva, sin libro ni manual que recoja el vasto cúmulo de trayectorias impensadas, pero descritas por la poesía de la magia, el riesgo y lo temerario.

Sistema nervioso que transmite a nuestra espalda el vértigo del otro, del que se juega la vida a una pirueta, a un triple giro o a un volteo con ojos vendados.

Fue columpio en el Olimpo, donde las divinidades acunaron su deseo de humanidad, y donde se amaron con los mortales y se engendraron los ángeles.

Es la duda trigonométrica y latiente que se debate entre escaleno e isósceles, espejo de paralelos e hipotenusas enamoradas del ángulo recto y del agudo, de sirgas trastocadas, ahogadas en la cintura frágil de la bella trapecista, sirena que se burla del infierno en manos del portor.

Es la cábala del aire dictando melodías a los ojos, es el éter en cuerdas enojadas y siempre en lucha con lo grave, es un ovillo ordenado de canciones contra el polvo de la muerte.

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11 de febrero de 2014

✍ Segunda Enciclopedia de Datos Inútiles


Uno no compra libros, los libros te compran a vos. Un señor con bigotes haciendo burbujas y un título que enamora de primera vista: Segunda Enciclopedia de Datos Inútiles. Además del claro atractivo de compilar datos sin valor utilitario, me resulta más interesante el hecho de que esta sea la segunda vez que se ha hecho un compendio de dicha información

Su autor, Homero Alsina Thevenet (1922-2005) o también conocido como "el señor sombrero" (por el anglicismo HAT, las iniciales de su nombre) fue un periodista y crítico de cine uruguayo, creador del suplemento cultural del diario El País de Montevideo, gran fumador y amigo amigo personal de otro fumador Juan Carlos Onetti.

Los datos son inútiles pero "verificados", como deja entrever en los agradecimientos, aunque por otro lado no nos acerca el concepto central del título, y a medida que se avanza que uno avanza en la lectura se empieza a cuestionar sobre si el nombre de libro ha engañado sobre la no-utilidad de sus artículos. Veamos un ejemplo:


UN CLÁSICO

El actor John Barrymore (1882-1942) fue un especialista en Shakespeare y uno de los más famosos intérpretes de Hamlet. Resultaba así muy lógica la pregunta que le hizo un periodista:
—Dígame, Mr. Barrymore, ¿usted cree que Hamlet y Ofelia se acostaban juntos?
Tras reflexionar un instante, el actor replicó:
—Sí, por lo menos en la compañía que representaba la obra en Chicago.


Qué más inútil que chusmerío de farándula pasada de moda y faltando el nombre de los "pecadores" en cuestión. Sólo les compartiré un fragmento más, anecdótico sin duda, ¿pero inútil?


HUMANO

El último grito en amteria de educación sexual fue lanzado a mediados de 1987 por los laboratorios Köning S.A. de Buenos Aires. Se trata de Singestar, "el anticonceptivo más humano para perras y gatas" y ha sido publicado como "el más inocuo", porque "previene, retarda o anula el celo". El anuncio fue lanzado al periodismo justamente entre las protestas del episcopado argentino por la educación sexual a los adolescentes. Pero su alcance es restringido, porque de acuerdo a lo publicado en el suplemento dominical de La Nación (16.9.97) se trata de un "aviso no apto para perras y agatas menores de edad". Las perras y gatas mayores de edad pueden leerlo sin ningún problema.


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26 de enero de 2014

✍ Relato anónimo: Juntaperros

"Lion Tamer" Litografía de Gibson & Co. (1973)

Les dejo un relato publicado en el siguiente sitio, supongo que el autor se engalana bajo el seudónimo de El gato Fénix, o quizás esa sea simplemente el nombre de su blog y él sea más anónimo aún. De una forma u otra ahí va:


Durante las vacaciones de verano en el ochenta y dos había una sensación de derrota en el aire que continuaba flotando desde el final de la guerra de las Malvinas. Además, la economía de guerra había mellado bastante el presupuesto familiar. Por eso, en vez del mes que siempre pasábamos en un hotel en Mar del Plata cada verano, fuimos a un pueblito de Entre Ríos llamado Crespo, a pasar unas semanas en lo de la hermana de mi viejo. Mirta era una mujer casada con un alemán de nombre Wilhelm que insistió durante todas las vacaciones que nosotros, dos pibes de escuela primaria, escucháramos óperas de Wagner y leyéramos poesías de Rilke. Así como Wilhelm era un tipo culto y de carácter fuerte, Mirta era todo lo contrario. Su única pasión eran los animales. Mi hermano la había bautizado La Juntaperros, porque en la casa tenía tres cuzcos sarnosos a los que había rescatado de la calle y por los que se desvivía. No se podía salir al patio de la casa por el olor a la mierda de los perros. Había uno medio ciego y sin una pata, que mi tía adoraba y había bautizado Pirata. Era un perro con un carácter insoportable, aunque los otros dos no se quedaban atrás. Mirta no paraba de hablar de sus perros. Parecían sus hijos. Sus verdaderos hijos, mis primos, Norman y Hermann, tenían varios años más que nosotros y ya estaban resignados a la madre que les había tocado en suerte.

En Crespo no había nada para hacer. No había cine, ni playa, ni pileta. Y no teníamos un sólo amigo. Por eso, cuando llegó un circo decadente, que en Mar del Plata o en Buenos Aires no nos hubiera interesado nada, le pedimos prestadas las bicicletas a nuestros primos y fuimos a investigar. Eran las cuatro de la tarde y estaban levantando la carpa. Era uno de esos circos chicos, la carpa verde llena de remiendos y la entrada de chapa con la pintura descascarada. Al menos teníamos algo para matizar el monótono de la semana. Estaba lleno de pibes más chicos que nosotros, entusiasmados por el acontecimiento. Nos acercamos a una jaula que parecía vacía. En un rincón, entre pasto seco y recostada contra un piletón de chapa con agua, había una  leona dormida. Mientras la mirábamos, se nos acercó un tipo del circo y nos empezó a hablar casi en voz baja.

- ¿Les gusta?

Le contestamos que sí. De hecho, era lo único interesante que habíamos visto en todas las vacaciones.

- Si quieren - dijo - les puedo conseguir entradas para la función de mañana.

Le dijimos que sí y el nos dijo que teníamos que hacerle un favor.

- Si me consiguen un par de gatos de baldío para darle de comer a la leona, les doy una entrada a cada uno.

Mi hermano le dijo que sí enseguida. Volvimos a casa en las bicicletas y tomamos la merienda. Mi hermano salió a jugar a la vereda y yo me quedé viendo la tele. Un par de horas después volvió a entrar a la casa y me mostró dos entradas para el circo.

- ¿Cómo hiciste? - le pregunté

- Andá a mirar al patio.

Fui al patio y vi a Pirata solo. Los otros dos perros no estaban.

- Le pregunté al tipo si le servían los mismo unos perros y me dijo que sí. – Lo contaba con un entusiasmo que en vez de hablar, parecía que se estaba riendo.

- ¿Estás loco? - le dije - La tía te va a matar.

- ¿La Juntaperros? Ya va a juntar otros.

- ¿Pero vos tenés ganas de ir al circo?

- ¿A ese circo roñoso? - me respondió, mientras hacía un bollo con las entradas.


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22 de enero de 2014

✍ Riki Blanco - Regina la trapecista


Les dejo un cuento escrito e ilustrado por Riki Blanco, publicado en el libro Cuentos pulga, de Thule Ediciones (2006):


Regina la trapecista


Regina tenía un problema: vértigo.

Pero no el vértigo a las alturas, como mucha gente tiene, sino al suelo. Por eso decidió hacerse trapecista, para estar siempre a ras del cielo y no tener que bajar nunca a la tierra. Regina miraba las coronillas de los chicos del circo y soñaba con una vida al mismo nivel.

Con poder susurrar cosas bonitas a alguien al oído y no tener que estar siempre dando voces para hacerse oír. Aunque claro, ninguno de la compañía se atrevía a subir tan alto. Ninguno excepto Capirote, el hombre bala, pero siempre pasaba volando a su lado con tanta prisa... Y ni un hola le decía. Ni una simple mirada, ni un triste adiós. Y para colmo, el muy tonto, ya llevaba más de un mes atrincherado dentro de su cañón.

Una noche, mientras el resto de la compañía dormía, escuchó algo. Al principio era un inapreciable susurro melódico, pero después fue incrementando su intensidad. Aquel cántico siguió durante todo el día y Regina, intrigada, preguntó a la gente de la compañía de dónde procedía aquella voz, pero no le supieron decir, pues nadie, salvo ella, la oía.

Estuvo investigando la procedencia de aquella cantinela, y descubrió que sólo la oía en un punto muy concreto: frente al cañón de Capirote. El hombre bala, desde dentro, le cantaba canciones casi olvidadas, que salían del cañón disparadas y colisionaban con lo más profundo del alma de Regina.

—Capirote... —clamó Regina—,¡sube aquí, lánzate!

El hombre bala tardó un tiempo, pero al fin se decidió a contestar:

—¡No puedo, necesito que alguien me encienda la mecha! ¡Y desearía que fuera usted!—No puedo bajar. Tengo vértigo —se dijo casi a sí misma Regina.

De la noche al día Capirote accedió por fin a salir de su cañón y con más ganas que nunca de volar. La compañía entera se extrañó de que hubiera salido sin que la “mujer de su vida” le encendiera la mecha, como él exigía, pero por si acaso nadie se atrevió a preguntar.

Se reanudó el número del hombre bala después del mes y pico que pasó allí metido. Aquella noche la expectación fue máxima, ya que habían colgado carteles por todo el pueblo anunciando dicho evento. Como siempre, fue Bambino quien se encargó de encender la mecha. El hombre bala volvió a ganarse los aplausos de su público. Todo volvía a ser como antes.

Lo que todos ignoraban era que para Capirote y Regina había empezado un idilio de amor que se limitaba a una única cita diaria de décimas de segundos, pero era tiempo suficiente para que cuando Capirote, durante la función, pasaba volando al lado de ella, se dieran un beso fugaz y Regina le colocara al vuelo una notita entre su mejilla y la correa del casco.

Durante el resto del tiempo alimentaban su deseo recordando aquel instante.

Estuvieron así largo tiempo. Siempre sigilosos en su amor de cuentagotas. Hasta que por fin Capirote, con paciencia y dedicación, aprendió a encender sin ayuda de nadie, la mecha de su cañón.


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9 de octubre de 2013

✍ Mi secreto confesional


El día de hoy, 11 de octubre de 2013, lo elegí para contar un secreto que vengo guardando desde hace años. Este día no lo elegí al azar sino que porque es efemérides de un evento. Justo hoy es el veinteavo aniversario desde que este secreto está guardado:




Mi secreto confesional

Un día lunes 11 de octubre de 1993 tenía 6 años y a escondidas de mi familia comencé ahorrar dinero quién sabe porqué motivo. Quizás fue un anuncio de la tele, algún juguete incomprable, ya ni recuerdo en verdad. Pero ese día un engranaje de mi psiquis se alteró y comencé a ahorrar de forma compulsiva.

Cómo fui a una escuela privada había movimiento: todo billete o moneda que pasaba por mis ojos iba sigilosamente a mi escondite.  Los alfajores que mi vieja me daba para la escuela, los revendía en el recreo. El contenido de las "bolsitas" de souvenire de los cumpleaños de mis amigos, se los terminaba vendiendo a ellos mismos. El paraíso de un niño consumista para mi era una oportunidad de inversión.

Como fui a una escuela católica, el problema ético siempre lo resolví saciando la culpa. El cura confesional era cómo mi abogado asesor, si me delataba estaba rompiendo con su secreto profesional.

"Dios te salve maría, llena eres de gracia..." y otra vez al recreo, en donde me esperaban cientos de bolitas. Como siempre fui bastante bueno en ese juego, tanto que nadie quería jugar conmigo. Cuando obtuve un buen número sólo bastó con fijarle un precio de venta menor al que se encontraba en el mercado y puuuuum! mi capital se duplicó en algunos meses.

"El señor es contigo, bendita tu eres..." decía de rodillas, mirando a la lata donde guardaba los billetes. Luego fueron los juegos de mesa y los perfume Pibes y Paco que me regalaban todos los años. En cuanto las estampitas de la primera comunión, no sólo vendí las mías, sinó que también las de mis compañeros de grado se las vendí a un tía bastante ciega.

"Bendito es el fruto de tu vientre..." susurraba varias veces al cambiar de guarida, porque el volumen del tesoro aumentaba exponencialmente. Nunca pensé con determinación en qué gastarlo, sino que el qué la sensación y el ver qué el tesoro crecía, era un acto de placer en sí mismo.

"Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores...", esa frase siempre me ayudó. Me recuerda que no soy un monstruo, ni soy el único. Todos somos pecadores, todos tenemos secretos y eso nos hace humanos. Mi biblioteca entera es falsa: todos los libros son en realidad cajas huecas, pequeñas bóvedas que dejaron de esconder historias para encerrar mi tesoro secreto. Y así pasaron 20 años.

"Ahora y en la hora de nuestra muerte..." Cada vez tengo menos espacio:  la cama sobre la que sueño es un colchón relleno de billetes. Lo mismo con muchas cajas, cajitas, bolsos, mochilas, que me invaden de a poco, cada vez más. Cada vez menos espacio para mí, y más para ellos. Me afixian.

¿Pero qué hacer con ellos? Cada día se devalúan y ocupan más ¿Comprar dólares? Imposible. ¿Depositarlo en un banco? Quizás podría empatarle a la inflación... ¡No! ¡No confío en los bancos! Hoy tuve una idea, voy invertirlos en un negocio infalible. ¡Pelucas! 300 mil pesos en pelucas.

"Amén"



Continuará...
Elige tu propia aventura
¡Ahora te toca a vos! Elegí como continúa el relato. Dejá tu voto en los comentarios.
  1. Si querés que te detalle en qué consiste el negocio infalible de las pelucas.
  2. Si querés que la derroche en placeres varios.
  3. Si querés que gaste todo el dinero en la caja misteriosa marcada con signos de preguntas.
  4. Si tenés otra idea de en qué puedo gastar todo mi dinero.
  5. No te creo, contame más.
  6. No te creo, no me cuentes más.
  7. h. i. 0. 3. 0. 3. 4. 5. 6. Ya la la la la la lá...
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11 de julio de 2013

✍ Mario Benedetti - Esa boca

Curiosa foto de Weary Willie (Cansado Willie) sonríendo.
El señor que vemos arriba es Emmett Kelly interpretando su célebre payaso vagabundo (trump para los que entienden inglés).

Quizás sea la atracción propia de los polos opuestos, la que haga que en frecuentes ocasiones se recurra a la figura del payaso triste: el contraste simbólico es muy fuerte. Sin embargo, no todo es tan sencillo, porque se corre el peligro que el binomio caiga rápidamente en lo trillado (y por ende no cause efecto alguno).

Les dejo un cuento del escritor uruguayo Mario Benedetti publicado en su libro Montevideanos (1959), que trata el tema de una manera interesante y sutil:



Esa boca

Su entusiasmo por el circo se venía arrastrando desde tiempo atrás. Dos meses, quizá. Pero cuando siete años son toda la vida y aún se ve el mundo de los mayores como una muchedumbre a través de un vidrio esmerilado, entonces dos meses representan un largo, insondable proceso. Sus hermanos mayores habían ido dos o tres veces e imitaban minuciosamente las graciosas desgracias de los payasos y las contorsiones y equilibrios de los forzudos. También los compañeros de la escuela lo habían visto y se reían con grandes aspavientos al recordar este golpe o aquella pirueta. Sólo que Carlos no sabía que eran exageraciones destinadas a él, a él que no iba al circo porque el padre entendía que era muy impresionable y podía conmoverse demasiado ante el riesgo inútil que corrían los trapecistas. Sin embargo, Carlos sentía algo parecido a un dolor en el pecho siempre que pensaba en los payasos. Cada día se le iba siendo más difícil soportar su curiosidad.
Entonces preparó la frase y en el momento oportuno se la dijo al padre: “¿No habría forma de que yo pudiese ir alguna vez al circo?” A los siete años, toda frase larga resulta simpática y el padre se vio obligado primero a sonreír, luego a explicarse: “No quiero que veas a los trapecistas.” En cuanto oyó esto, Carlos se sintió verdaderamente a salvo, porque él no tenía interés en los trapecistas. “¿Y si me fuera cuando empieza ese número?” “Bueno”, contestó el padre, “así, sí”.
La madre compró dos entradas y lo llevó el sábado de noche. Apareció una mujer de malla roja que hacía equilibrio sobre un caballo blanco. Él esperaba a los payasos. Aplaudieron. Después salieron unos monos que andaban en bicicleta, pero él esperaba a los payasos. Otra vez aplaudieron y apareció un malabarista. Carlos miraba con los ojos muy abiertos, pero de pronto se encontró bostezando. Aplaudieron de nuevo y salieron —ahora sí— los payasos.






Su interés llegó a la máxima tensión. Eran cuatro, dos de ellos enanos. Uno de los grandes hizo una cabriola, de aquellas que imitaba su hermano mayor. Un enano se le metió entre las piernas y el payaso grande le pegó sonoramente en el trasero. Casi todos los espectadores se reían y algunos muchachitos empezaban a festejar el chiste mímico antes aún de que el payaso emprendiera su gesto. Los dos enanos se trenzaron en la milésima versión de una pelea absurda, mientras el menos cómico de los otros dos los alentaba para que se pegasen. Entonces el segundo payaso grande, que era sin lugar a dudas el más cómico, se acercó a la baranda que limitaba la pista, y Carlos lo vio junto a él, tan cerca que pudo distinguir la boca cansada del hombre bajo la risa pintada y fija del payaso. Por un instante el pobre diablo vio aquella carita asombrada y le sonrió, de modo imperceptible, con sus labios verdaderos. Pero los otros tres habían concluido y el payaso más cómico se unió a los demás en los porrazos y saltos finales, y todos aplaudieron, aun la madre de Carlos.
Y como después venían los trapecistas, de acuerdo a lo convenidó la madre lo tomó de un brazo y salieron a la calle. Ahora sí había visto el circo, como sus hermanos y los compañeros del colegio. Sentía el pecho vacío y no le importaba qué iba a decir mañana. Serían las once de la noche, pero la madre sospechaba algo y lo introdujo en la zona de luz de una vidriera. Le pasó despacio, como si no lo creyera, una mano por los ojos, y después le preguntó si estaba llorando. Él no dijo nada. “¿Es por los trapecistas? ¿Tenías ganas de verlos?”
Ya era demasiado. A él no le interesaban los trapecistas. Sólo para destruir el malentendido, explicó que lloraba porque los payasos no le hacían reír.

(1955)


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9 de julio de 2013

✍ Faustroll navegando hasta la isla Sonora


Bienaventurado el sabio —exclamó—, que, en la pendiente de una montaña se complace en el sonido de los címbalos; solo en su lecho, al despertarse, canta: ¡Jamás, lo juro, irán mis deseos más allá de lo que poseo...

Fue en Junio de 1898 cuando intimaron al Doctor Faustroll abandonar la casa que alquilaba en París. Entonces sin dudarlo se decidió a embarcarse en un navío-colador de cobre parafinado llevando consigo una cuidosa selección de libros dentro de libros.

Podría haberse embarcado en su majestuoso navío-elástico, hecho íntegramente con hilo de cuarzo estirado y aceite de castor; sin embargo debido a la magnitud de su tripulación supo descartar esa opción. Junto a él lo acompañaron el Monsieur Panmuphle y un también mono mandril que hablaba belga y alguna que otra palabra en francés.

Faustroll desde su silla de marfil, timoneó el cobrizo navío en tierra firme sobre las calles de París. Fue luego de atravesar el oloroso mar de Habundes, perseguir castillo errante, dejar atrás islas de gema sólida, ser saqueados por el ígneo Capitán Kid y pescar monos en el río, que llegaron a la Isla Sonora.

En dicha isla, donde los instrumentos crecen como plantas y donde en la noche Saturno toca los sonajeros sagrados, Faustroll bebió ajenjo y tuvo el placer de escuchar al niñito desnudo y al anciano blanco cantar la siguiente melodía posiblemente transcrita por el propio Panmuphle:


¿Algún músico patafísico se animará a navegar hasta la Isla Sonora?

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4 de julio de 2013

✍ Faustroll más pequeño que Faustroll

Collage: Le Docteur Faustroll, André Stas.

Seguimos con otro de los capítulos de una de las obras cumbres del excéntrico escritor Alfred Jerry. Dicha "novela neocientífica" titulada Gestas y Opiniones del Doctor Faustroll, patafísico:


IX

Faustroll más pequeño que Faustroll

A William Crookes.
Otros locos repetían sin cesar que uno era al mismo tiempo más grande y más pequeño que él mismo, y publicaban cantidad de desatinos semejantes, como se se tratara de útiles descubrimientos.
Le Talisman d'Oromane.
El doctor Faustroll (si se nos permite hablar de experiencia personal) un día pretendió ser más pequeño que sí mismo, y resolvió ir a explorar uno de los elementos, para examinar qué perturbaciones traería aparejada esa diferencia de tamaño en sus relaciones recíprocas.
Escogió ese cuerpo comúnmente líquido, incoloro, incompresible y horizontal en pequeña cantidad; de superficie curva, profundidad azul y bordes animados por un movimiento de vaivén cuando está en extensión; del que Aristóteles dice que, como la tierra, es de naturaleza grave; enemigo del fuego y que de él renace, cuando está descompuesto, con explosión; que se vaporiza a cien grados, al que determina, y que solidificado flota sobre sí mismo, ¡el agua, para más datos! Y habiéndose reducido, como paradigma de pequeñez, al tamaño clásico de una pulga, viajó a lo largo de la hoja de un repollo, sin prestar atención a las pulgas colegas y los aspectos aumentados del todo, hasta que tropezó con el Agua.
Fue una bola, dos veces más alta que él, a través de cuya transparencia las paredes del universo le parecieron cumbres gigantescas y su propia imagen, oscuramente reflejada por el azogue de las hojas, elevada a la estatura que había abandonado. Percutió la esfera con un leve topetazo, como se golpea una puerta: el ojo desorbitado de vidrio maleable "se acomodó" como un ojo vivo, se volvió présbite, se alargó según su diámetro horizontal hasta la ovoide miopía, rechazó a Faustroll en esa elástica inercia y volvió a su estado de esfera.
El doctor, con gran esfuerzo, hizo girar el globo de cristal hasta un globo vecino, deslizándose sobre los rieles de las nervaduras del repollo, puestas en contacto, ambas esferas se aspiraron mutuamente hasta deshilacharse, y el nuevo globo, de doble volumen, se acomodó plácidamente ante Faustroll.
Con la punta de su botín, el doctor aporreó el aspecto inesperado del elemento: una formidable explosión de esquirlas y sonidos resonó, tras la proyección en derredor de nuevas y minúsculas esferas, con una seca dureza diamantina, que rodaron un poco por todas partes a lo largo del verde anfiteatro, arrastrando cada una bajo su impulso la imagen del punto tangente del universo que deformaba según la proyección de la esfera, y cuyo fabuloso centro aumentaba.
Por debajo de todo, la clorofila, como un banco de peces verdes, seguía sus conocidos meandros en los canales subterráneos del repollo...


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22 de junio de 2013

✍ Doctor Faustroll, patafísico

Le Docteur Faustroll por Aubrey Beardsley

Así comienza el segundo capítulo del libro Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico de Alfred Jarry, escrito en 1898:


II
Acerca de los comportamientos y las costumbres del doctor Faustroll

          El doctor Faustroll nació en Circasia, en 1898 (el siglo XX tenía (- 2) años), a los sesenta y tres años.
         A esa edad, que conservó a lo largo de toda su vida, el doctor Faustroll era un hombre de estatura mediana, vale decir, para ser exactamente veraces, de (8 x 1010 + 109 + 4 x 106) diámetros de átomos; su piel era amarillo dorada, de rostro lampiño, salvo por unos bigotes verde mar, como los que usaba el rey Saleh; de cabello alternativamente, pelo por pelo, rubio cenicero y muy negro, ambigüedad rojiza cambiante con la luz del sol; los ojos dos cápsulas de una simple tinta para escribir, preparada como el aguardiente de Dantzick, que incluía espermatozoides dorados.




Dicha "novela neocientífica" fue publicada en 1911, cuatro años luego de la muerte de su autor. Jarry, sin saberlo ni imaginarlo, daría comienzo a un movimiento cultural al que muchos surrealistas adscribirían: la patafísica.

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2 de mayo de 2013

✍ Símbolos y diábolos: un relato diabólico...

I


La historia sobre este cuadro aquí.
Toda mi escolaridad obligatoria (jardín, primaria y secundaria) la hice en escuela católica. Quién diga que la secundaria no es obligatoria se olvida de los padres.

Cientos de niños (y niñas) esperábamos sentados a que sonara el timbre para salir corriendo a pecar. Una horda de infieles comerciando figuritas repetidas, escapando de la policía, apostando bolitas ilegalmente y deseando el alfajor del prójimo. Las monjas lo sabían todo, pero mientras no lo hiciéramos durante la misa, nos dejaban permanecer impunes.

Recuerdo que un día un compañero, el menor de una familia de bien, trajo un juguete que nos cambiaría la vida: el diábolo...

¡Gracias a Dios por tantos recreos divertidos! También gracias a Bronco que volvió a poner de moda este antiguo juguete chino.

A los pocos días cientos de diábolos de distintos colores raspaban el aire y golpeaban cada tanto las cabezas de las maestras. Rápidamente las autoridades se hicieron presentes y prohibieron satánico juego.



II

Ahora soy grande y no creo en Dios, ni creo en Bronco, es por eso que algunos años le envié al entonces arzobispo Bergoglio una carta pidiendo mi "desbautismo", o como dirían las personas serias: tramité mi apostasía. Como el pedido lo hice en vísperas de navidad, me dijeron que tenía que esperar a febrero a el que volviera de sus vacaciones.

Esperé, esperé y en marzo recibí la noticia: ya estaba fuera del club, por consiguiente ahora puedo pecar tranquilo. Puedo subir y descargar música con copyright, robar helados de un kiosko, escapar corriendo de la policía, hacer trampa apostando al poker, desear a las mujeres de mis amigos y por supuesto: retomar mi carrera de diabolista.


Aunque en verdad los malabares no me llaman la atención como antes.  Cada vez que lo agarro repito los mismos trucos que cuando tenía ocho años: lo tiro alto, lo atrapo, algunos latigazos, intento un truco nuevo, el hilo se enreda, resuelvo el molesto problema topológico de desatar todo pero ya me aburrí. Prefiero leer.



III

Nada mejor que un mate y leer sobre lo que a uno le apasiona: el arte en general, la música y el circo. Buscando en una hemeroteca llego a un ejemplar de 1908 del diario La Vanguardia (un diario español). En ella, la siguiente carta de un lector enojado:



Cotidianas

     El buen ciudadano tal día lleva prisa, y, codeándose con mucha gente que no va a ninguna parte, anda á grandes pasos y al medir el terreno, mide él tiempo.
     Del Ensanche debe ir á la ciudad vieja, a la ciudad típica, y se ve precisado a cruzar la Plaza de Cataluña.
     ...La Plaza de Cataluña no es calle, ni paseo, ni jardín: tiene de todo, y no sirve completamente para nada...
     Un muchacho, que acaso «ha hecho novillos» zarandea con sus manos los dos palos de moda, agita el cordel haciendo girar el «diábolo» vertiginosamente. Luego con fuerza separa los brazos, el cordel vibra como cuerda de guitarra recién templada, y el diabólico carrete de madera surge como un cohete, revoluciona por el espacio y desde una altura de quince metros desciende gravemente. Al llegar al suelo tendrá igual fuerza adquirida que la que le impulsó desde el punto de origen.
     Pero, el diábolo no llega al suelo porque antes va a dar contra las narices del buen ciudadano que llevaba prisa.
     El hecho se repite con harta frecuencia, y puede repetirse tantas veces como el endiablado carrete surca los aires.
     No todos los muchachos que diablean en la Plaza de Cataluña Son tan hábiles como el campeón Marcel Nelatás que en poco más de una hora hizo 3.307 tantos; ni como su rival Alfred Mennier, un chico de trece años, que hizo 3.258, en una hora, treinta y cinco minutos y siete segundos.
     Esa nueva calamidad pública que ha invadido nuestras calles constituye un verdadero peligro: un peligro más, del que creíamos habernos librado definitivamente. Porque el diábolo no es cosa nueva: se jugaba ya en Francia en tiempo de Luis XVI, y durante el primer Imperio francés también hacia estragos el «diable-á-quatre». Tampoco es nuevo el mail que ya se jugó en el siglo XVI, así como el lawn-tennys de ahora no es más que la pautne de hace trescientos años
y el golf y el foot-báll no son otra cosa que modernizaciones del «jeu-de-crosse» del siglo XIII.
     Mas, esto poco importa. Lo que interesa para la seguridad de los barceloneses es que no se juegue el díábolo en plena Plaza de Cataluña.
     Lo que hace falta es que el Ayuntamiento resuelva de una vez el adquirir terrenos para parques: porque aquí no hay sitio adecuado para esparcimiento y para sports.
     Diablear en la Plaza de Cataluña, es como hacer carreras de caballos en la Rambla: interrumpir la viabilidad de esos paseos que hacen de calles o de esas calles que sirven de paseos.
FIDELIO


¿Habrá tomado el Ayuntamiento medidas al respecto? Quizás le hicieron caso y prohibieron dicho juguete creando precedentes sobre su peligrosidad. Tampoco me sorprendería que lector enojado luego se haya puesto en campaña para prohibir el otros juguetes similares, siendo los descendientes directos de Fidelio Bronco los fundadores de famosa juguetería.

Lamentablemente encontrar registros que puedan confirmar el apellido del señor, ni encontrar intentos de prohibir el yoyó, el tiki-taka, o el bombero loco.

Niñas y niños jugando al diábolo. París (1907).
Izq: Jardín de Luxermburgo. Der: El Jardín de las Tullerías
Imagen extraída de Le Musée du Diabolo



IV

Ya había reprimido todo intento de malabarear de mi mente. Y llegó el otoño.

Caminaba con un amigo filósofo, tejiendo y destejiendo palabras, pensablando sobre tantas cosas que ya ni las recuerdo. Lo que sí recuerdo lo que me contó sobre "símbolo y diábolo":

Para los griegos "símbolo" era un objeto circular (por ejemplo una moneda) que al partirse en dos (diábolo) cada persona conservaba una mitad. Al unirse era la manera de reconocer el compromiso o saldar las deudas: reconstruír el símbolo. "O como hacen dos niñas al tener cada una una parte de la medallita de la amistada, un símbolo puede ser cualquier cosa: una pelota, una galletita..."

Unos días después me topé con los siguientes versos que me revelaron aún mas:
El símbolo junta y el diablo separa,
cuando viene diablo ya no hay más jugar.
Si el símbolo juega ¿el diablo se va?
Mejor viene diábolo y entrena a jugar.
Miriam Botbol Acreche

Y la autora continúa: "el diccionario de María Moliner recoge la etimología y señala que deriva del latín tardío «diábolus», a su vez del griego «diábolos»: el que siembra discordia. Proviene de «diaballo», separar, y éste de «ballo», arrojar y se usa generalmente en en singular y con artículo, bien representando a Lucifer o príncipe de los demonios, bien como una personificación del espíritu del mal". 

"Le diábolo" de Jacques Resch. Óleo sobre tela.

El texto completo de M. Acreche son 30 páginas en donde describe su trabajo sobre símbolo, arte y el juego desde una visión psicoanalítica. Preparé mate para amenizar la lectura. Al leerla completa se me abrieron nuevos cajones con preguntas, en los que a su vez había otros cajones. Mi mente era una complicada mamushka diabólica y fractálica.

Mientras leía recordé una frase de mi amigo: "un símbolo puede ser cualquier cosa" mientras miraba la fuente de bizcochos que acompañaban el mate. Tomé un bizcochito, lo partí en dos y lo uní por las partes redondas...

De repente me sobrevino una sensación de ahogo que me invadía. Por más que respiraba, cada vez más agitado, sentía el pecho vacío. El poco aire que entraba y salía sonaba como el pingüino de ToyStory 2. ¿Esto es un broncoespasmo? pero si yo nunca tuve un bronco... ¡Oh no! ¡Es la maldición de Fidelio que me persigue!

Y luego, como si fuera parte del mismo conjuro, pasé de la vigilia al sueño profundo en sólo un instante fotográfico.



V

Desperté al otro día. Todos mis síntomas de locura ya no estaban, pero mi cerebro olía a resaca. Mientras desayunaba un bol lleno de yogur, no sé porqué pero tuve la necesidad de decir ¡Eureka!

Y de golpe todas los cajones se cerraron: diábolo y diablo son hermanos etimológicos y las monjas siempre lo supieron. Ellas con sus freudianos poderes hicieron lo posible para que me aleje de tan maligno objeto. Aunque quizás no tenga nada que ver...


Símbolo de símbolos dicen los licenciados en comunicación, entonces yo digo diábolo de diábolos (y así me permito hablar de cualquier cosa sin importar que pierda el sentido).

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22 de abril de 2013

✍ Crónica de una Convención DeSierta

Para muchxs, una Convención de Circo es un evento que dura 5 días en donde cirqueros de todos lados se encuentran para compartir y compartirse. Lanzamiento, talleres, galas, desfile y renegado: son las palabras comunes.

Para otrxs, una convención es "algo" que se gesta durante varios meses. Empieza algún día quién sabe cuándo y termina de golpe: se organiza, se disfruta, se piensa, sufre, se ríe y hasta se equivoca. Se crean palabras, se recrean otras.

Aquí les dejo esta crónica escrita para la revista El Circense N° 54 (una excelente revista digital), que recomiendo leer desde el sitio para poder disfrutar entera, pasando las páginas con el mouse como si fuera una edición en papel y acompañando la lectura con la música de Rusia Kalipso...

Hacer click en la imagen para leer la revista entera (Abril 2013)...



El viento patagónico es constante: curte el suelo, reseca la piel y vuela  las clavas. El clima -hostil para algunxs, cotidiano para otrxs- no impide que cientos de personas de todas las edades y de distintas disciplinas se encuentren para compartir en DeSierto Circo, una convención con particularidades que la hacen única. ¡Pasen y lean!

Fotografía: Geniol

Del 6 al 11 de marzo se llevó a cabo este particular evento en Rada Tilly, a 12 kilómetros de distancia de Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut. La convención nace, en un principio, por la necesidad de encontrar referentes para los alumnxs de la Escuela de Circo el Círculo Circo y para fomentar el contacto entre actores culturales del país y del mundo. Es un emprendimiento privado, impulsado por Elo Vazquez y el Conejo, y organizado por un colectivo de trabajo en el que también participan  alumnos de la escuela. Cuenta con el auspicio de varios negocios locales, pero fundamentalmente del público que asistió a las tres noches de galas en las que actuaron además de los alumnos, más de 25 artistas de distintas partes del país y Latinoamérica.


Las actividades
Todos los talleres convivían en simultáneo en el mismo espacio físico: un amplio gimnasio deportivo a metros de la playa. Talleres de malabares, acrobacia, tela, trapecio, clown, cintas, devil stick, yoga, burbujas... Los talleres también compartían el espacio con una radio en vivo y con la banda oficial del Círculo, la recién formada Un Rinconcito Circus Band. 

Este año se abrieron dos nuevos espacios: una varieté interna, abierta a los convencionistas que quieran mostrar sus números y también un festival callejero. En una de las plazas del pueblo las familias radatilenses disfrutaron -incluso bajo varios minutos de lluvia- de varios espectáculos. En la localidad los espectáculos en la vía pública no están permitidos,  por eso que el festival es tan necesario y fue recibido con risas y aplausos.

Muchas cosas ocurrieron en círculos: una reunión inaugural, el tradicional lanzamiento de apertura, talleres, fogón con tambores e incluso una reunión de cierre. Se escucharon muchas voces: voces agradeciendo, opinando, criticando, proponiendo y hasta filosofando en círculos de juegos y de mates.

Fotografía final: el lanzamiento
Un puñado de cámaras de fotos están preparadas para capturar el lanzamiento, un ritual que se repite año a año en muchas convenciones. Cientos de objetos se elevan intentando alcanzar el cielo: pelotitas, aros, clavas, diábolos y algún que otro sombrero. Sin embargo, la tarea falla y todos los objetos, sin excepción, se detienen en distintos puntos en el aire para invertir su dirección y volver furiosamente intentando golpear a los que los arrojaron. No conforme con el resultado, lo intentan por segunda y tercera vez.

Cientos de personas han fallado en su tarea de desafiar la gravedad y sin embargo su lenguaje corporal se tiñe de alegría y ansiedad. Sonríen, hacen chistes y algunos osados sueltan una que otra carcajada. ¿Por qué festejan si su derrota era anunciada? Es que son payasxs...

Más información: 
http://desiertocirco.com.ar
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17 de abril de 2013

✍ El mejor tango con serrucho


Hoy, 17 de abril de 2013, además de desayunar mate con café y me predispuse a leer el diario del día ya que no hay nada mejor que amanecer bien informado. Sin embargo mi espíritu procastinador (los que tengan el mismo espíritu que yo buscarán esa palabra) me llevó a encontrarme de repente hojeando entre las ediciones digitales de 1926 de un periódico español llamado La Vanguardia.

Luego de noticias poco interesantes como un decreto que regula construcciones de la Armada Española o las aventuras de miss Williard contra el alcoholismo en Estados Unidos, me detuve en leer una nota sobre uno de los instrumentos que me apasiona: el serrucho musical.

Hoy 17 de abril, pero hace 86 años, seguramente un barcelonés desayunaba (porqué no mate con café) leyendo la siguiente noticia, que aconsejo acompañar con el tango en cuestión:


Viraldi Tango Band
At the Savoy Hotel. London.


Consideraciones
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De nuestro tiempo


    Encuadrado en marco de metal y en letras gordas, he visto el siguiente anuncio:
    «SENTIMIENTO GAUCHO. El mejor tango del año, con solo de SERRUCHO AMERICANO, en disco.» Y yo, no obstante haber vivido casi tanto en el siglo XX como en el XIX, me he quedado desorientado, estupefacto, como quien ve visiones. Toda una mentalidad, que es de mis días, que convive conmigo, pero que está muy lejos de la mía, está retratada en ese anuncio. El título de «Sentimiento gaucho» me ha traído a la memoria otro título, el de un bolero mallorquín titulado «Jarabe andaluz». Pero era este famoso jarabe para uso casi exclusivo de criadas y soldados y el «Sentimiento gaucho» es para «gente bien», para señoritas distinguidas, puesto que es, según reza el título, el mejor tango del año, y el tango es el más «bien» de todos los bailes conocidos.
    Pero concurre en el «Sentimiento gaucho» otra circunstancia, además de ser el mejor tango del año: la de que en él se ejecuta un «solo de serrucho americano».
    La primera impresión que me produjo el anuncio fue la de pensar en el aserramiento de un tronco de madera a fuerza de serrucho. Todo podía ser, puesto que en las modernas orquestinas entran la bocina, el almirez, la caja china, el banjo, el rallador y mil otros estridentes aparatos de meter ruido, y hasta me figuraba a la orquestina, después de un tiempo movido,
ruidoso, prestísimo, entrar en un andante, y sobre un bajo de violoncelo con sordina, empezar el riss rass del serrucho, seccionando la madera.
    Mas como a mis años empieza uno a ser precavido, y eso del tango y el jazz-band constituye una diabólica invención en que se amalgama el espíritu gauchesco de la pampa con el cowboyesco de la selva norteamericana, me dije que ese serrucho no sería un serrucho cualquiera, sino
un serrucho americano, como ya lo decía el anuncio, y un serrucho americano no se contenta con seccionar la madera con el sordo ruido que todos conocemos, y me enteré.
    Me enteré y resulta que ahí no se asierra nada y que el serrucho americano es un instrumento que silba y aúlla sin ser de viento, sino con alma de eso... de serrucho.
    Es innegable que de América vienen, y vendrán en lo por venir en mayor abundancia, cosas más o menos ruidosas, sibilantes y estridentes, que han de aturdirnos de veras, desde los rascacielos de quinientos pisos hasta la nueva música danzante y tal vez la de «camera» de Jo venidero. El jazz-band se impone, se impone el tango con serrucho, se imponen las películas de cowboys heroicos, de «girls» audaces en todos sentidos de robos, asesinatos y detectives folletinescos, de condescendientes «pastores» que casan a las parejas sin pedirles «los papeles», el yanqui y el criollo, puede resultar esa América, de cuyos dos espíritus raciales, el yanqui y el criollo, puede resultar la amalgama más incomprensible y estupenda que ningún europeo... europeo, es capaz de imaginar.
    Pero no será sin que yo haya propuesto enriquecer la ya formidable batería de instrumentos más o menos ruidosos o musicales que en aquellas tierras han logrado el beneficio de la invención, con uno que estaría entre ellos como en su centro y lograría inmediata adaptación y aceptación universal entre los aficionados y profesionales del jazz-band: me refiero al que yo llamaría, y llevaría dignamente el nombre, de «amolador», y es, sencillamente, el pedazo de hoja de acero, a veces de serrucho, de que el amolador se sirve para anunciar su presencia en la calle y pregonar su oficio.
    Nada pido por la idea. Me bastará con la satisfacción de haber aportado mi «serrucho» a la armonía tanguista y jazzbandera, que tan bien dice con otras invenciones y costumbres de esto primer tercio del siglo XX, venidas del Nuevo Mundo, y ojalá pueda yo gloriarme, aun de balde,
de haber podido «amolar» con un auténtico «amolador» a los que de tantas maneras están «amolando» al universo.
    Y ya me imagino en los dorados salones de baile, durante el five o' clock tea o a la salida del teatro, ante la aristocrática concurrencia, ver entrar al instrumentista, vestido de frac  carmesí y calzón corto, empujando la muela y empuñando el pedazo de serrucho, al cual, por derecho propio  tendrá que  concedérsele más de una vez el honor de un solo.
    La exclamación que ello arranque ha de ser del todo «bien» y siglo XX: ¡Brutal!


ÁNGEL RUIZ Y PABLO


También les dejo para los incrédulos y para los coleccionistas, dicho ejemplar en formato PDF escaneado del original, gracias a la hemeroteca de La Vanguardia) y de yapa la partitura para tocar Sentimiento Gaucho, un tanguito de los hermanos Rafael y Francis Canaro compuesto un año antes:

Ejemplar del periódico
Partitura para piano y serrucho*
*La original decía violín donde ahora dice serrucho, pero me tomé la loca-reloca osadía de hacer esa modificación.
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10 de abril de 2013

✍ Autobiografía no autorizada...

Lo que verán a continuación fue durante más de dos años el contenido de ¿Quién soy?, una de las páginas de este blog. Cada vez que algún productor multimillonario entraba a esa sección para decidirse a llevarme a su programa de televisión masiva, inmediatamente me descalificaba por delirante.

Me he decidido pues, a agregar en dicha página una descripción un poco, sólo un poco, menos fantasiosa sobre mi persona. Productores multimillonarios, ahora sí...



Nací en el siglo XIX, en un un lugar de la Conecticut, de cuyo nombre no quiero acordarme. Por otro lado, por más que quiera no logro recordarlo dado que era un recién nacido y ese momento fue un flaaaaash (una cosa es tener recuerdos de vidas pasadas, pero el propio nacimiento es imposible).

En un pasaje de Conecticut haciendo una prueba de equilibro.

En un principio me alimenté a base de leche materna hasta que estuve en edad de digerir otros alimentos (tanto bebidas como comidas) que fueron suministradas por mis padre y/o tutores: En un primer momento estuve al cuidado de una ternera apodada Filetta, al convertirse en corte pasé al cuidado de su comensal y aquella persona al no tener mamas me alimentaba con leche de vaca (ahora que lo pienso la leche de materna era a sus vez leche de vaca ya que Filetta representaba en mi estructura mental el rol social de madre).

Un amigo de mamá Filetta fotografíándome para el carnet del club.

De a poco fui creciendo y aprendiendo a ejecutar distintos instrumentos musicales tanto tradicionales como alternativos. También estudié y me perfeccioné en 4 carreras profesionales, 8 artes marciales, 15 danzas, 23 idiomas y 42 dialectos. Mas luego al ver una serie de televisión con mensajes apocalípticos decidí inducirme para olvidar dichas habilidades.

El sensei Tsubasa Kento luego de un día largo
de entrenamiento de Chin Chu Lin Tao.
Luego para llenar el shock del olvido me puse a entrenar distintas ramas de las las ciencias oscuras: telequinesis, clarividencia, telepatía, espiritismo. Para más tarde combinarlo con algunas técnicas básicas de ilusionismo para poder lucir dichas habilidades oscuras de forma escénica.


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11 de noviembre de 2012

✍ Murió Chaplín

Ayer iba en camino a un restaurante de Barrio Norte (que difícilmente entraría si no fuera para trabajar), para entretener a niñxs que comen muy rápido que como no quieren hablar de economía internacional o no qué quizás ya jugaron a todos los juegos de su celular. Esos niños entonces prefieren ir al sector infantil a dibujar, jugar con la wii o mirar un rato de magia (y ahí entro yo).

Iba con mi personaje en la mochila cuando la portada de un diario me llama poderosamente la atención: MURIO CHAPLIN. Evidentemente las letras mayúsculas me causaron efecto, no es que desconocía de que Sir Charles Spencer Chaplin ya no estaba entre nosotros, pero ver la noticia fue fuerte. ¿Habrá sido el recuerdo de una vida pasada? Tal vez yo era una ama de casa, amante de las películas de Carlitos y ese 26 de diciembre de 1977 mientras desayunaba me asombraba de la triste noticia. 
Como sea compré ese diario, de color amarillo como su contenido y con olor al plástico que protege el ejemplar entero ("no sólo el suplemento espectáculo" me aclaró el canillita). Entré al restaurante: hice patos de globología, le cambie el color a los pañuelos, y antes de irme comí una pizza napolitana que seguramente Charlotte nunca habría ni llegado a oler.
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12 de octubre de 2012

✍ 2 metros de sonidos*


Mi serrucho tenor se sentía solo así que me vi en la tarea de encontrar otro que le haga compañía. La ley de los opuestos indicaría que necesito un serrucho contrabajo (soñando algún día tener una cuerda completa de serruchos).

¿Pero dónde uno consigue un serrucho de dos metros de largo? ¿La nube de la información tendrá la respuesta? Luego de flotar a la deriva en internet logré contactarme con un señor apodado Doctor Tiempo y adquirirle uno de la longitud deseada.

Llegué a la dirección que me había dicho, era una galería pero se encontraba cerrada, con las persianas bajas. Dentro estaba oscuro pero son un poco de esfuerzo pude divisar la silueta de un hombre y humo. Al notar mi precesencia, pronuncié su nombre. Él tiró el cigarrillo que sostenía entre sus labios, lo apagó con el pie y me hizo pasar. El mismísimo Doctor Tiempo abrió la puerta de uno de los locales, desapareció en la oscuridad.

A los pocos minutos salió blandiendo una larga hoja con algunas manchas negras. Sin haberle preguntado nada pero curiosamente adivinando lo que estaba pensando me interrumpió: -"Esto no es óxido, es brea, justamente para que no se oxiden. Se los compré a una ferretería que cerró hace algunos años." dijo pausadamente con una vos cavernosa mientras sostenía un cigarrillo entre los labios.

Acto seguido me entregó la pieza y la apoye en el piso y al percutirla accidentalmente empezaron a resonar gran cantidad de armónicos durando varios segundos. Luego me acompañó a la persiana de la galería, nuevamente tuve que agacharme para pasar por esta puertecita. Se colocó un cigarrilo en la boca y mientras lo prendía me dijo sin levantar la vista: "Cuidado que los dientes están super afilados y te podés cortar". 

Ni bien salí a la calle y voltié para ver la puerta ya estaba cerrada y la figura del Doctor Tiempo esfumándose entre las tinieblas. Aquí estoy ahora, lijando unas manchas rojas de óxido y pensando cómo haré para tocarlo y producir melodías.

*Este texto tiene algunas licencias poéticas. Por ejemplo, el serrucho no es tan largo en realidad: mide 1,90m exactamente.
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4 de septiembre de 2012

✍ Les presento a mi Papayaso (papá+payaso)

Les presento a mi papayaso (papá+payaso):

Autora: Haydeé Santamaria (mi abuela)
Oleo sobre tela. 40cm × 50cm

¡Con ustedes el payaso Pachín! Que entre otras cosas tuvo un hijo que también se apayasó (y aquí me tienen a mí). Eso me convierte en payaso de segunda generación, que no hay no confundir con "payaso de segunda".  Debe ser por eso que varias veces me encontré imaginando una escena que nunca existió:



ESCENA UNO

(Interior de una oficina. Detrás del escritorio se encuentra leyendo el periódico el PADRE portando una nariz roja en su rostro. Suena el teléfono. El lo desenchufa y continúa leyendo. Entra el HIJO, con una sonrisa en la cara)


        HIJO: Papá, al final me decidí. Hoy me anoté en la UBA porque quiero ser abogado-
        PADRE: (Sin levantar la vista del periódico) ¡No hijo! Te vas a cagar de hambre...
        HIJO: Pero quiero ser abogado, dejame soñar!
        PADRE: ¡No seas ridículo querés!...
        HIJO: Pero si vos...
        PADRE: Pero nada! Vas a ser payaso como tu padre y se acabó.


Como dije antes, eso solo ocurrió en mi imaginación y por suerte seguí el mandato familiar (maestro jardinero como mi madre y payaso como mi padre). Y es así que aquí me tienen heredando, con total determinación, sus rutinas, su magia y sus chistes...

Y cierro la publicación con dos de sus participaciones en el programa humorístico Todo x $2:

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