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7 de mayo de 2014

✍ Pepe Viyuela: El trapecio


Madre equilibrista de Cristina Blanch (2003)

Precedido por esta bella imagen les dejo un relato del actor, payaso y poeta español Pepe Viyuela, publicado en su libro Bestiario del circo: el vientre de la carpa publicado la Editorial Medusa en Madrid en el año 2003.



EL TRAPECIO

El trapecio ha resultado ser hijo de Ariadna. Fue tejido con el hilo que otorga al hombre la posibilidad de escapar del laberinto de lo terreno y aproximarse a lo divino, una colosal tela repleta de ilusiones esbeltas, que dibuja en el espacio la constelación de la fantasía.

A quien osa trepar hasta, él le brotan alas, aquellas que le permiten escapar, con precisión felina, del ansia aparentemente inexorable de la araña letal, inmensa e invisible, que pugna por tragarlos y los persigue hasta en los sueños.

Combinación geométrica viva, sin libro ni manual que recoja el vasto cúmulo de trayectorias impensadas, pero descritas por la poesía de la magia, el riesgo y lo temerario.

Sistema nervioso que transmite a nuestra espalda el vértigo del otro, del que se juega la vida a una pirueta, a un triple giro o a un volteo con ojos vendados.

Fue columpio en el Olimpo, donde las divinidades acunaron su deseo de humanidad, y donde se amaron con los mortales y se engendraron los ángeles.

Es la duda trigonométrica y latiente que se debate entre escaleno e isósceles, espejo de paralelos e hipotenusas enamoradas del ángulo recto y del agudo, de sirgas trastocadas, ahogadas en la cintura frágil de la bella trapecista, sirena que se burla del infierno en manos del portor.

Es la cábala del aire dictando melodías a los ojos, es el éter en cuerdas enojadas y siempre en lucha con lo grave, es un ovillo ordenado de canciones contra el polvo de la muerte.

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22 de enero de 2014

✍ Riki Blanco - Regina la trapecista


Les dejo un cuento escrito e ilustrado por Riki Blanco, publicado en el libro Cuentos pulga, de Thule Ediciones (2006):


Regina la trapecista


Regina tenía un problema: vértigo.

Pero no el vértigo a las alturas, como mucha gente tiene, sino al suelo. Por eso decidió hacerse trapecista, para estar siempre a ras del cielo y no tener que bajar nunca a la tierra. Regina miraba las coronillas de los chicos del circo y soñaba con una vida al mismo nivel.

Con poder susurrar cosas bonitas a alguien al oído y no tener que estar siempre dando voces para hacerse oír. Aunque claro, ninguno de la compañía se atrevía a subir tan alto. Ninguno excepto Capirote, el hombre bala, pero siempre pasaba volando a su lado con tanta prisa... Y ni un hola le decía. Ni una simple mirada, ni un triste adiós. Y para colmo, el muy tonto, ya llevaba más de un mes atrincherado dentro de su cañón.

Una noche, mientras el resto de la compañía dormía, escuchó algo. Al principio era un inapreciable susurro melódico, pero después fue incrementando su intensidad. Aquel cántico siguió durante todo el día y Regina, intrigada, preguntó a la gente de la compañía de dónde procedía aquella voz, pero no le supieron decir, pues nadie, salvo ella, la oía.

Estuvo investigando la procedencia de aquella cantinela, y descubrió que sólo la oía en un punto muy concreto: frente al cañón de Capirote. El hombre bala, desde dentro, le cantaba canciones casi olvidadas, que salían del cañón disparadas y colisionaban con lo más profundo del alma de Regina.

Capirote... —clamó Regina—,¡sube aquí, lánzate!

El hombre bala tardó un tiempo, pero al fin se decidió a contestar:

¡No puedo, necesito que alguien me encienda la mecha! ¡Y desearía que fuera usted!No puedo bajar. Tengo vértigo —se dijo casi a sí misma Regina.

De la noche al día Capirote accedió por fin a salir de su cañón y con más ganas que nunca de volar. La compañía entera se extrañó de que hubiera salido sin que la “mujer de su vida” le encendiera la mecha, como él exigía, pero por si acaso nadie se atrevió a preguntar.

Se reanudó el número del hombre bala después del mes y pico que pasó allí metido. Aquella noche la expectación fue máxima, ya que habían colgado carteles por todo el pueblo anunciando dicho evento. Como siempre, fue Bambino quien se encargó de encender la mecha. El hombre bala volvió a ganarse los aplausos de su público. Todo volvía a ser como antes.

Lo que todos ignoraban era que para Capirote y Regina había empezado un idilio de amor que se limitaba a una única cita diaria de décimas de segundos, pero era tiempo suficiente para que cuando Capirote, durante la función, pasaba volando al lado de ella, se dieran un beso fugaz y Regina le colocara al vuelo una notita entre su mejilla y la correa del casco.

Durante el resto del tiempo alimentaban su deseo recordando aquel instante.

Estuvieron así largo tiempo. Siempre sigilosos en su amor de cuentagotas. Hasta que por fin Capirote, con paciencia y dedicación, aprendió a encender sin ayuda de nadie, la mecha de su cañón.


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19 de enero de 2014

✍ Lucía se hamaca

La leçon de lévitation (1976). Litografía por Leonor Fini

Lucía, la trapecista, se columpia, piensa y también escribe...
Por fin fui a la plaza y me hamaque. Y me di cuenta que todas las hamacas son chiquitas para mi. Porque son para niños/as más pequeños que yo. Y mientras el vaivén me despeinaba y los pies ocasionalmente tocaban la arena de la plaza pensé que quizás las hamacas para gente más grande -de tamaño- se llaman trapecios... Trapecios de vuelo.
Lucía Stella, trapecista.
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21 de octubre de 2013

► Pochocleando: Las alas del deseo (1987)


Dos ángeles bajan del cielo para visitar el Berlín de postguerra para analizar el comportamiento humano. Damiel, uno de los ángeles, se siente harto de su existencia espiritual eterna. Desea poder sentir el viento, jugar a las cartas, ser saludado, en definitiva: probar la vida de los mortales. El deseo aumenta al enamorarse una mujer desolada, nada menos que una trapecista de circo.



Esta co-producción franco-alemana fue dirigida por Wim Wenders. Cabe destacar que comenzó a filmarse sin guión, a partir de textos escritos por Peter Handke como ideas y monólogos sueltos. El resultado fue una película prácticamente muda a la que posteriormente se le agregaron diálogos en off.

Uno de los protagonistas de esta película es el conocido Peter Falk (el detective Columbo) actuando de él mismo; que según cuenta, una vez que se había terminado de filmar y estando en Ecuador recibió una llamada del director pidiendo que le envíe otras escenas y que el las añadiría cuando estén finalizadas.

Como pequeña yapa, les cuento que la colorida pintura que encabeza esta publicación no es el póster original del film sinó que se trata de una reversión hecha por Chelsea Soisson. Les dejo otras tres ilustraciones

Diseño de Matt Chase
Diseño de Bea R Vaquero
Diseño de Victoria Fernández
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